diumenge, 18 d’abril del 2010

Bajo el volcán


(imagen de EFE) El Eyjafjalla, volcán islandés situado bajo un glaciar con el mismo nombre, ha entrado en erupción. La columna de humo producida se ha instalado en el centro de Europa hace unos días y ha paralizado todo el tráfico aéreo. El periodista Rafael Poch, corresponsal en Berlín del diario La Vanguardia escribe en su magnífica crónica (18/04/2010) sobre los efectos del volcán:

"La erupción islandesa lanza una invitación al sosiego a una manera de funcionar manifiestamente excesiva, una especie de sugerencia telúrica al cambio, una invitación, a unos ejercicios espirituales continentales, como ocurrió a menor escala con las nevadas y los apagones del temporal catalán de marzo. Sin embargo, el engranaje lo interpeta exclusivamente en su faceta de incidente técnico, ignorando la sugerencia que el parón parece contener".

Es cierto que cuando uno se queda tirado en un aeropuerto, le vienen ganas de pensar y de relajarse reflexionando sobre cosas a las que normalmente no le concedemos mucho tiempo. Es como ir en tren y pasarse todo el trayecto mirando por la ventana. Cuando suspiramos y pensamos "sí, una pausa por favor". En el mismo rotativo aparecía la noticia que han habido personas que han pagado miles de euros a un taxista para ir de Barcelona a Amsterdam (!). ¿Y si lo mandamos todo a la mierda durante unas horas? ¿No es esa la ilusión de mucha gente? Por cierto, la nube de cenizas volcánicas es preciosa y, según los geólogos islandeses, es posible que el volcán de al lado, el Katla, de mayor dimensión, esté preparando su entrada en escena. Supongo que es la manera que tiene la Tierra de autoregular el exceso de formas de vida que la habitan.